• Javier Sánchez Galicia

Lenguaje polarizador como estrategia política


La planeación lingüística es una función primordial de todo estado porque ayuda a generar una noción de identificación comunitaria. Gracias a esto podemos definir términos y establecer mecanismos de comunicación; sin embargo, el lenguaje también puede ser usado para dividir a una comunidad, o para generar emociones al grado de adoctrinarla. Hasta el momento se ha puesto muy poca atención en México en este aspecto fundamental del arte de gobierno.


Alrededor del mundo, los diversos regímenes populistas han recurrido a un lenguaje simple, emotivo y polarizador como parte de sus estrategias para ganar y mantenerse en el poder (Sánchez, 2018). Una tarea para reconstruir las democracias será entender las estrategias lingüísticas y plantear alternativas para enfrentarlas. México se encuentra sumido en esta dinámica. Analizar la comunicación política, a partir del uso del lenguaje, nos ayuda a comprender mejor los comportamientos sociales contemporáneos.


El nuevo paradigma es la antipolítica contra la política-institucional que en la definición de Panizza (2005) es un modo de identificar un antagonismo en el discurso político populista en cuya relación entre el significante (pueblo) y su contenido (también el pueblo como significado), se designa a quienes son los enemigos del pueblo y, al mismo tiempo, quien es el pueblo mismo. Es la construcción del discurso mítico progresista en sudamérica que no terminó con el auge de los presidentes de la ola rosa del populismo de izquierda que gobernó de 1998 a 2015 (Casullo, 2019), sino que abrió un nuevo periodo de esplendor no sólo en la región, sino a nivel mundial hacia finales de 2018, pero de signo ideológico totalmente opuesto, como los casos de Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos o el triunfo del Brexit en Gran Bretaña. En México y con un discurso antisistema el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador obtuvo el triunfo en una votación histórica que le permitió a Morena ganar otras elecciones concurrentes, incluyendo 5 gubernaturas y las mayorías en el Congreso de la Unión.


Como con cualquier retórica autoritaria, el populismo apela primero al líder, luego a la audiencia y, finalmente, al tema (Muller, 2017). Es decir, se tiene a un dirigente que representa los valores del pueblo, luego al reconocimiento de éste como masa distinguible de quienes no comulgan con las visiones del jefe, y finalmente los temas son matizados bajo estas premisas. También, como sucede con el ascenso de gobiernos autoritarios, las fallas en una democracia permiten que estos discursos arraiguen en un segmento de la población y, si no son atendidos, ayudan a su victoria.


A lo largo de buena parte del siglo XX vivimos con referentes claros sobre las diversas posturas ideológicas como izquierda o derecha. Los cambios políticos y sociales en las últimas décadas han hecho que esos términos no sólo se vuelvan obsoletos, sino que también nuevos liderazgos les den un significado que antes no tenían. Las palabras pueden expresar ideas distintas a lo largo del tiempo, con términos como democracia o ciudadanía, los cuales han sido revisados para un contexto democrático contemporáneo. En ese entendido, los líderes políticos también pueden cambiar un significado habitual al colocarlo en un contexto distinto.


Biobliografía.

Casullo. M.E. (2019) ¿Por qué funciona el populismo?. El discurso que sabe construir explicaciones convincentes en un mundo en crisis. Siglo XXI, Editores, México.

Müller, Jan-Werner (2017), ¿Qué es el populismo? México: Grano de Sal.

Panizza, F. (2005) El populismo como espejo de la democracia. México, Fondo de Cultura Económica.

Sánchez Galicia (2018 ) Estrategias de campaña sobre aguas turbulentas. México, Piso 15 editores.

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